

El hombre, ser social por naturaleza, tiene como principal vehículo de comunicación el lenguaje, impregnando éste toda su vida. La interpretación de la realidad, la interacción y la transmisión cultural, con todo lo q ello implica, se hace posible, fundamentalmente a través del lenguaje.
El ser humano posee unas estructuras orgánicas que posibilitan su adquisición, pero no es sino a través de las interacciones con su medio socio-familiar y cultural como éste lo adquiere. Así, desde pequeños, percibimos el modelo sonoro e intentamos reproducirlo, ajustándonos progresivamente a la forma correcta de nuestro código.
El desarrollo lingüístico está íntimamente relacionado con el desarrollo intelectual, es decir, el lenguaje se enriquece con la maduración intelectual y, a su vez, es básico para dicho desarrollo, ya que constituye un medio de adquisición de conocimientos.
La problemática que se presenta dentro del campo de los trastornos del lenguaje es amplia y variada. Son muchas las alteraciones que pueden darse, con orígenes diversos y distintos grados de severidad.
La presencia de un trastorno del lenguaje en un niño lleva asociado, frecuentemente, dificultades en la interacción con su entorno, rendimiento escolar deficiente, aislamiento, retraso en el desarrollo cognitivo…
Trastorno de la Articulación: Dislalia Funcional
Se trata de un sonido o un fonema que no se produce de forma correcta, a pesar de ser percibido y ser diferenciado normalmente de otros sonidos.
El fonema afectado no aparece en el inventario fonético del niño, ni en el lenguaje espontáneo, ni en el lenguaje repetido, ni tampoco es capaz de realizarlo de forma aislada. La incorrección que produce es estable, es decir, el fonema se realiza incorrectamente y siempre de la misma forma. Hay que decir también, que el sistema fonológico del niño está bien construido, que dispone de una representación mental de los fonemas y de una organización ajustada.
Trastorno del Lenguaje Oral
Trastornos Primarios
Los trastornos primarios se producen en el período de adquisición del lenguaje oral y no son derivados ni están asociados a pérdida auditiva, daño cerebral, déficit intelectual, trastornos motores, factores afectivos o factores socio-ambientales.
La mayoría de estos trastornos, excepto el Trastorno Específico del Lenguaje (TEL), suelen generar necesidades educativas transitorias si se realiza una intervención adecuada. Pero si se detectan tardíamente o no se trabajan las dificultades de forma apropiada, se puede ver afectada la adquisición de la lecto-escritura y, como consecuencia, todo el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Hay que hacer constar la gran diversidad de términos que se han empleado históricamente para intentar definir este tipo de trastornos. En el presente documento utilizaremos aquéllos que más se usan en la actualidad y que mejor sirven a nuestros propósitos.
Generalmente este trastorno se debe a una incoordinación psicomotora de los órganos articulatorios o a un problema de representación mental de dicha articulación.
Citamos un ejemplo frecuente: la sustitución del fonema /t/ por el fonema /g/. Pero hay múltiples dislalias que pueden afectar a la mayoría de fonemas.

La detección precoz de cualquier alteración es fundamental y un paso previo para una intervención adecuada. Pero eso no implica alarmarse innecesariamente, viendo trastornos en procesos madurativos normales. Hemos de ser conscientes, que el niño va a ir adquiriendo y perfeccionando sus habilidades lingüísticas de forma progresiva.
El conocimiento de cómo se produce el desarrollo normal del lenguaje y la observación en contextos naturales, son los elementos más útiles para detectar problemas comunicativos o lingüísticos.
Es el profesor la persona más adecuada para llevarla a cabo.
En las observaciones se ha de tener en cuenta:
-
El lenguaje que utiliza el alumno.
-
Los usos comunicativos.
-
El tipo de interlocutores que busca.
-
Quién inicia la interacción, cuándo, para qué y cómo se lleva a cabo.
-
Situaciones y contextos que favorecen las interacciones.
-
Las funciones comunicativas que subyacen a las mismas…
Toda esta información ha de quedar recogida mediante sistemas de registros.
Trastornos del Lenguaje Escrito
El lenguaje escrito es un sistema de comunicación que representa, mediante signos gráficos, el lenguaje oral. El aprendizaje del lenguaje escrito requiere un desarrollo adecuado de una serie de variables: mentales, lingüísticas, metalingüísticas, socioemocionales, y cognitivas. Dentro de los trastornos del lenguaje escrito nos referiremos: a la dislexia.
La Dislexia
Afecta a aquellas habilidades lingüísticas asociadas a la lecto-escritura, particularmente a la discriminación fonológica, decodificación visual, memoria a corto plazo, percepción y secuenciación. Los alumnos con este trastorno, presentan problemas en deletreo, en análisis y síntesis auditivo, así como en la traducción fonema-grafema y viceversa.
-
En términos neurológicos, hablamos de dislexia adquirida cuando la dificultad se debe a una lesión cerebral, lesión que normalmente sólo afecta a determinados componentes del lenguaje, en función de la zona de la corteza cerebral afectada.
Las dislexias adquiridas se clasifican en periféricas y centrales.

-
Dislexias periféricas: son aquellas cuya manifestación más relevante es la dificultad para identificar los signos lingüísticos pero no otra clase de estímulos.
Dentro de las dislexias periféricas podemos distinguir la , y .
-
Dislexias centrales: se presentan en personas que no tienen problemas perceptivos pero que se muestran incapaces de reconocer las palabras.
Se producen alteraciones en el acceso al significado, manifestándose distintos síntomas según la ruta lesionada.
Dentro de las dislexias centrales podemos distinguir: la , , y .
-
En términos psicolingüísticos, hablamos de dislexia evolutiva como una inhabilidad o dificultad especifica para la lectura y la escritura, que no aparece asociada a ningún trastorno cognitivo, sensorial, motor, ni afectivo-emocional aparente en un niño que, habiendo estado sometido a una instrucción lecto-escritora, lleva un retraso en la misma de 2 ó 3 años. La dislexia tiene un carácter persistente e inesperado respecto a las capacidades del sujeto.
Suele afectar de modo específico a la lectura, descartándola en aquellas actividades de razonamiento, cálculo….que no exigen el uso del lenguaje. En estas actividades, la ejecución puede ser superior a la media.
A muchos alumnos se les diagnostica como disléxicos cuando en realidad lo que presentan es un retraso lector. Indicamos algunos signos para su detección:
-
Retraso en el desarrollo del habla y del lenguaje.
-
Confusiones en la producción de palabras semejantes en su forma sonora.
Alteraciones significativas en la fonología, así como de análisis y síntesis auditiva
Esta dislexia se puede deber a problemas de lateralidad, de psicomotricidad, de esquema corporal, orientación espacio-temporal, a trastornos perceptivos tanto auditivos como visuales y a factores hereditarios.
Además, la existencia de alguna alteración cerebral no está descartada del todo, detectándose diferencias en las asimetrías hemisféricas y anormalidades en la formación de la corteza cerebral.
Las personas con dislexia evolutiva pueden presentar déficits en los procesos perceptivos, en los procesos de análisis visual, en el reconocimiento de palabras y en el procesamiento sintáctico y semántico.
Según distintos autores, como Colheart, la clasificación expuesta para la dislexia adquirida, sería extensible también para las evolutivas, con la salvedad de que en estas segundas no va haber afectación neurológica aunque haya un trastorno en la ruta de acceso a una lectura concreta. No obstante, la tendencia actual es la que divide la dislexia evolutiva en ,
-
Dificultades en el manejo de los términos relacionados con la orientación espacial y temporal.
-
Mayor habilidad para la manipulación de objetos que para su representación lingüística.
-
Dificultad para aprender números y secuencias.
-
Marcada dificultad para la asociación fonema grafema.
-
Tendencia a escribir números y letras en espejo o en dirección inadecuada.
-
Fallos en atención y concentración.
-
Posibles problemas de conducta.
-
Dificultades en la organización del discurso y comprensión lectora.
Hay que tener presente que estos signos no tienen que darse en todos los niños disléxicos, y que puede existir alguno de estos signos en niños que no presenten este trastorno.
La dislexia no se puede diagnosticar antes de los 8 ó 9 años, dado que es en esta edad cuando se completa el proceso constructivo del lenguaje lectoescritor.
Existen muchos lectores iniciales que poseen una modalidad identificada para adquirir la capacidad lectora, sin construir esto una alteración o trastorno.
Dentro de los trastornos de lenguaje escrito los más frecuentes en el entorno escolar son el retraso lector, la disgrafía, la disortografía y la dislexia evolutiva.

Todos los seres humanos utilizamos el lenguaje. Hablar, encontrar las palabras adecuadas, comprender, leer, escribir, y gesticular forma parte de nuestro uso del lenguaje. Si, como resultado de daño cerebral, una o más componentes del lenguaje deja de funcionar correctamente, ocurre lo que se llama afasia. Afasia – A (=sin) fasia (=habla) significa, por tanto, que alguien no es capaz de decir lo que quiere decir. No puede usar más el lenguaje. Además de la afasia, pueden ocurrir parálisis y/o problemas relacionados con: -Actuación consciente, -Observación del entorno, -Concentración, toma de iniciativas y memoria.- Las personas no pueden hacer más dos cosas a la vez. Mucha gente experimenta frustración durante sus vacaciones en el extranjero por no ser capaz de explicar claramente lo que quieren, o por no comprender correctamente lo que la otra persona quiere decir. Incluso en los países en los que tenemos un buen manejo del idioma, podemos experimentar esto, por ejemplo, al ir al médico. En los países en que tenemos un peor manejo del idioma, nuestra capacidad de comunicación con la población local siempre es más limitada, y muchas veces no somos ni siquiera capaces de pedir el plato que nos gustaría tomar.
La gente que sufre de afasia experimenta estos problemas todos los días. La afasia es, por tanto, un trastorno del lenguaje. No hay dos personas que sufren de afasia de la misma manera: la afasia es diferente para cada persona. La gravedad y el alcance de la afasia depende, entre otras cosas, de la localización y la gravedad del daño cerebral, la competencia lingüística anterior, y la personalidad.
Algunas personas con afasia comprenden bien el lenguaje, pero tienen problemas para encontrar las palabras adecuadas, o para construir frases. Otros, en cambio, hablan mucho pero lo que dicen resulta difícil de entender para el interlocutor; estas personas a menudo tienen problemas para comprender el lenguaje. La competencia lingüística en la mayoría de las personas con afasia se encuentra entre estos dos extremos.
¡Nótese que las personas que sufren de afasia generalmente tiene todas sus capacidades intelectuales a su disposición! Casi siempre hay una recuperación espontánea cuando se desarrolla la afasia. Esta recuperación, rara vez o casi nunca es completa. Aún así, practicando mucho, esforzándose y siendo perseverante, se puede mejorar.